Trump impulsa la desinformación en su segundo mandato


En su primera sesión informativa como secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt dijo que estaba “comprometida a decir la verdad desde este podio todos los días”. Momentos después anunció que el nuevo gobierno había bloqueado un contrato de 50 millones de dólares para la compra de preservativos en Gaza.

“Es un despilfarro absurdo del dinero de los contribuyentes”, dijo.

También era una afirmación absurda, improbable a primera vista y rápidamente desacreditada. Se concedieron millones en subvenciones federales para prevenir las enfermedades de transmisión sexual en Gaza, pero en la provincia de Mozambique, no en el territorio palestino.

La afirmación de los preservativos se hizo viral de todos modos, filtrándose en el discurso político que el presidente Donald Trump ha utilizado para justificar su arrollador impulso de recortar drásticamente el gobierno federal.

Los primeros cuatro años de Trump en la Casa Blanca estuvieron repletos de declaraciones falsas o engañosas: 30.573 de ellas, o 21 al día en promedio, según un recuento. Sin embargo, en ese entonces sus colaboradores a menudo intentaban restar importancia o contener el daño de las falsedades atroces.

Esta vez, a Trump se le ha unido una camarilla de funcionarios del gabinete y asesores que las han amplificado e incluso han difundido las suyas propias. Juntos, están institucionalizando efectivamente la desinformación.

Aunque todavía es pronto en su mandato, y muchas de sus órdenes ejecutivas se enfrentan a desafíos legales que podrían mitigar el impacto de cualquier falsedad que las impulse, Trump y sus asesores han introducido al país en una nueva era política de posverdad, en la que se cuestionan los hechos y se utilizan ficciones para conseguir objetivos políticos.

Trump justificó los indultos a cientos de alborotadores condenados por la violencia, incluidas agresiones a agentes de policía, en el Capitolio el 6 de enero de 2021, sosteniendo que “no agredieron” a nadie. Atacó a Canadá, aliado de la OTAN, afirmando que el fentanilo cruzaba la frontera, cuando en realidad menos del 1 por ciento de la droga se rastreó desde ese país el año pasado.

Brooke Rollins, secretaria de Agricultura de Trump, se jactó en la red social X de haber cancelado un contrato de 600.000 dólares para estudiar los ciclos menstruales de los hombres transgénero, cuando en realidad la subvención financiaba un estudio sobre el uso de fibras naturales como el algodón, la lana y el cáñamo en productos de higiene femenina.

Robert F. Kennedy Jr., el escéptico de las vacunas que ahora dirige el Departamento de Salud y Servicios Humanos, afirmó que la vacuna contra el sarampión mata rutinariamente a gente cada año, aunquelos científicos dicen que eso es falso.

Audrey McCabe, analista de Common Cause, una organización no partidista de vigilancia del gobierno, dijo que el actual gobierno había seguido una estrategia de “sobrecarga de desinformación” que estaba abrumando no solo a sus oponentes, sino también al sistema judicial.

“¿Cómo podemos hacer frente a esto cuando procede de quien fue elegido presidente y de quienes ha decidido tener cerca?”, dijo.

Las falsas narrativas que antaño se filtraban en los rincones más oscuros de internet ahora son promovidas por Trump y sus designados y amplificadas por una cámara de eco mediática, enturbiando el discurso político y agravando una erosión más amplia de la confianza en las propias instituciones.

Elon Musk, el ejecutivo tecnológico que lidera una cruzada contra el gasto federal, ha difundido repetidamente desinformación, incluida la afirmación sobre los preservativos para Gaza. Ha reconocido errores, pero sigue adelante sin inmutarse.

Más recientemente ha calificado el Seguro Social como “el mayor esquema Ponzi de todos los tiempos”, dando a entender que uno de los programas gubernamentales más populares es una actividad delictiva.

Muchos comentarios como ese podrían interpretarse como exageraciones para conseguir un efecto retórico. Otras falsedades han parecido tergiversaciones de los hechos, quizá involuntarias. Y otras podrían entrar en la categoría de desinformación como intentos que tratan de engañar a los estadounidenses.

El aumento de todas estas afirmaciones falsas o engañosas en el discurso político actual también es consecuencia de los cambios tectónicos en los medios de comunicación.

Los estadounidenses se han alejado cada vez más de los medios de comunicación tradicionales y se han adentrado en la cacofonía digital de los pódcast, las retransmisiones en directo y noticias en las redes sociales, donde el partidismo, la furia y el resentimiento suelen prevalecer sobre una deliberación equilibrada de los hechos. La izquierda política tiene sus favoritos, pero este nuevo ecosistema mediático está dominado por la derecha.

En una conferencia pronunciada el mes pasado, Kate Starbird, estudiosa de la desinformación en la Universidad de Washington, lo describió como una “maquinaria de porquería”, construida a lo largo del tiempo por diseño.

Dijo que “se ha entrelazado con los medios digitales, ha sido aprovechada eficazmente por los movimientos populistas de derecha y ahora se está hundiendo en la infraestructura política de este país y de otros”.

El segundo mandato de Trump ya ha encumbrado a una nueva generación de personas influyentes en internet, muchas de las cuales se hacen eco de su política en publicaciones, artículos de noticias, entrevistas o comentarios. Incluso los ha incorporado al reducido grupo de prensa de la Casa Blanca, que tradicionalmente ha funcionado como un cronista profesional e independiente de cada movimiento y pronunciamiento del presidente.

Uno de ellos fue Brian Glenn, corresponsal de Real America’s Voice, un canal de transmisión en continuo de derecha que fue fundado en 2020 y que ha difundido desinformación y teorías conspirativas. Fue Glenn quien acosó al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, por no usar traje durante su reunión del Despacho Oval con Trump el mes pasado, dando voz a las quejas de los colaboradores de la Casa Blanca.

“Muchos estadounidenses”, afirmó sobre Zelenski, “tienen problemas con que no respetes el cargo”.

Para los partidarios de Trump, el momento actual se ha convertido en una guerra por la verdad que, por ahora, están ganando.

“Estamos librando una campaña de guerra informativa del siglo XXI contra la izquierda”, dijo el mes pasado Jesse Watters, comentarista de Fox News.

“Es como una guerra de guerrillas popular”, añadió. “Alguien dice algo en las redes sociales, Musk lo retuitea, Rogan lo dice en su pódcast, Fox lo emite. Para cuando llega a todo el mundo, millones de personas lo han visto”.

El día en que Leavitt lanzó la falsa afirmación sobre la compra de preservativos para los combatientes de Hamás que controlan Gaza, algunas cuentas en internet añadieron detalles explosivos pero engañosos o inventados, incluso cuando la sesión informativa aún estaba en curso, y mucho antes de que las principales organizaciones pudieran verificar los hechos.

Sitios web y programas de televisión de derecha reaccionaron afirmando que era un ejemplo de fraude en la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, a la que Musk ya había declarado como “agencia criminal.“

Un artículo de Front Page Magazine, un sitio web conservador, calificó la supuesta ayuda de “preservativos del terror”, fusionando la afirmación con informes del gobierno y de los medios de comunicación de 2018 según los cuales combatientes de Hamás hacían flotar artefactos explosivos improvisados en Israel utilizando preservativos inflados y otros globos.

El aluvión de cobertura encontró audiencia. En X, la plataforma de Musk, las publicaciones que mencionaban de algún modo ese tema fueron vistas más de 111 millones de veces en las primeras 24 horas, según los datos de Tweet Binder de Audiense, una empresa que supervisa el contenido allí. Las menciones a “preservativo” y “Gaza” aparecieron en pódcast, programas de radio o televisión con una audiencia nacional combinada de 53 millones de personas, según datos de Critical Mention, empresa de seguimiento de medios de comunicación.

Numerosos medios de comunicación, entre ellos The New York Times, consideraron que la afirmación carecía de fundamento, pero esas comprobaciones de los hechos no alcanzaron una audiencia tan amplia.

La USAID gastó algo menos de 61 millones de dólares en anticonceptivos en todo el mundo en el año fiscal 2023, la gran mayoría en África y ninguno en Gaza, según un informe anual que ya ha sido retirado del sitio web de la agencia. El año pasado, otra subvención de 68 millones de dólares proporcionó atención médica de urgencia en Gaza a través de International Medical Corps, que dijo que nunca proporcionó preservativos ni ningún otro servicio de planificación familiar.

De todos modos, Trump redobló la apuesta. Declaró que Estados Unidos no había gastado 50 millones, sino 100 millones de dólares en preservativos para los combatientes de Hamás, y repitió la afirmación de que se utilizaban “como método para fabricar bombas.” Y lo hizo tan recientemente como el 19 de febrero, mucho después de que se demostrara que no era cierto.

La Casa Blanca no respondió a las preguntas sobre las afirmaciones falsas, pero esa y otras falsedades sobre el gasto de la USAID allanaron el camino para un amplio recorte del presupuesto de la agencia. El Secretario de Estado Marco Rubio anunció el 10 de marzo que cancelaría 5200 contratos, el 83 por ciento del total de la agencia.

En algunos casos, los funcionarios han intentado desviar las preguntas sobre las declaraciones falsas. Una portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos señaló un artículo de opinión que Kennedy escribió para Fox News, en el que afirmaba que las vacunas podían proteger a la gente del sarampión, al tiempo que sostenía que la “buena nutrición” sigue siendo “la mejor defensa contra la mayoría de las enfermedades crónicas e infecciosas”.

Y el Departamento de Agricultura dijo en un comunicado que, aunque el contrato que Rollins había cancelado era de hecho para un estudio de las fibras naturales “a nivel superficial”, había un “componente educativo” que hacía referencia a los hombres transgénero. La propuesta de subvención utilizaba la palabra “transgénero” una vez en un resumen en el que se identificaban las poblaciones que podrían beneficiarse de la investigación sobre fibras naturales.

Otros movimientos de Trump han reflejado su animadversión a los esfuerzos por rastrear e identificar la desinformación y la influencia extranjera maligna en nombre de la libertad de expresión. Ha actuado para desmantelar las agencias gubernamentales responsables, incluida una creada durante su primer mandato en la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras.

Lo ha hecho cuando muchas de las operaciones del sector contra la propagación de la desinformación ya se han deshecho bajo la presión política y legal de la derecha.

Días antes de que Trump regresara a la Casa Blanca, el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, anunció que la empresa pondría fin a su programa de verificación de datos por terceros en Facebook, Instagram y Threads, acogiendo las alegaciones republicanas de que señalar mentiras tenía con demasiada frecuencia motivaciones políticas. La empresa tiene la intención de pasar a utilizar Community Notes, un programa de verificación de datos de origen colectivo utilizado por Musk en X, la plataforma que compró en 2022.

Los partidarios de Trump a veces describen sus declaraciones falsas o exageradas como estrategias de negociación. El propio Trump ha descrito la prevaricación como un medio para conseguir un fin. “Si lo dices lo suficiente y sigues diciéndolo”, dijo una vez en un mitin en 2021, “empezarán a creerte”.

Las consecuencias, sin embargo, pueden ser corrosivas: para sus propios objetivos políticos y para la confianza en general. Ha culpado a Ucrania, por ejemplo, de la guerra en toda regla que Rusia inició cuando sus fuerzas invadieron el país en febrero de 2022, y ha llamado dictador a Zelenski por suspender las elecciones mientras el país está bajo la ley marcial.

“Es terriblemente difícil mantener una conversación racional sobre la política ucraniana si no se puede reconocer el hecho de que Rusia invadió Ucrania”, dijo James Rubin, quien dirigió el Global Engagement Center del Departamento de Estado, que vigilaba la desinformación y la propaganda extranjeras hasta que perdió su financiación en diciembre.

Rubio, quien en su día calificó al presidente ruso Vladimir Putin de “gángster y matón” y ahora dirige los esfuerzos para impulsar las conversaciones para un alto al fuego, se negó a rebatir las falsas afirmaciones del presidente cuando se le presionó.

Las falsedades de Trump también han enfurecido a aliados cercanos, incluida gran parte de Europa, y han provocado burlas en todo el mundo.

Laura Thornton, directora de programas de democracia global del Instituto McCain, un grupo de defensa no partidista que lleva el nombre del exsenador republicano John McCain, dijo que, en el caso de Ucrania, Trump estaba reescribiendo la historia para justificar su deseo de estrechar lazos con Putin.

“Así que ahora que teníamos un consenso real sobre los hechos de lo que ocurrió, hemos visto surgir una nueva narrativa”, dijo, “que está básicamente, desafortunadamente, muy alineada con la narrativa del Kremlin”.


Steven Lee Myers cubre temas de desinformación desde San Francisco. Desde que se incorporó al Times en 1989, ha informado desde todo el mundo, incluidos Moscú, Bagdad, Pekín y Seúl. Más de Steven Lee Myers

Stuart A. Thompson escribe sobre cómo se difunde la información falsa y engañosa en línea y cómo afecta a personas de todo el mundo. Se centra en la desinformación, la información errónea y otros contenidos engañosos. Más de Stuart A. Thompson



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